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  • Con los asentamientos cristianos, la isla se llenó de torres defensivas de piedra desde las que otear el horizonte en busca de goletas de piratas berberiscos
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La casa payesa ibicenca, caracterizada por sus formas geométricas puras y su construcción robusta y sólida integrada en el paisaje, está concebida para ser funcional, adaptándose a las condiciones climáticas de la isla. Sus muros gruesos con cal blanca para reflejar el sol, y pequeñas ventanas, aíslan del frío en el invierno y del calor en verano.

Las unidades cúbicas de la casa iban aumentando según lo hacía el número de habitantes de la misma, en torno a una unidad central llamada porxo, que hacía las funciones de recibidor y comedor en los días de fiesta, y desde la cual se accede a los dormitorios, almacenes y a la cocina. La escasez de agua provocó la construcción de techos que recogen las lluvias y las canalizan hasta cisternas para poder utilizarla para consumo. En el Museo Etnológico de Santa Eulària, se puede visitar una casa payesa convertida en museo, que reproduce la vida cotidiana del pasado.

Otro elemento típico de la arquitectura ibicenca son las torres vigía. Los constantes asaltos piratas y berberiscos en el pasado, llevaron a los habitantes ibicencos a la construcción de estos sistemas de vigilancia, que abarcan todo el perímetro de la isla. Las 14 torres permiten contralar el horizonte marino desde todos los ángulos. Cuando se avistaba alguna embarcación peligrosa, se avisaba a la población desde estas torres mediante señales de humo (de día) o luminosas (durante la noche). Entonces los habitantes se refugiaban en algunas de las torres adosadas a sus domicilios, o en el bosque o más habitualmente en alguna de las torres adosadas a las iglesias.

 


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